I- El principio del fin

Un nuevo amanecer en la gran ciudad y junto a él la muerte sin-sentido.
Las fábulas congeniadas por los más cínicos opinólogos, ahora se convertían en reales. El fantasma de la inseguridad resurgía de la conciencia colectiva.
Un disparo. Plegarias desgarradoras de justicia y castigo.
Era el momento de buscar un punto en donde condensar todos los interrogantes, que explicaran el porqué de todo el absurdo de la vida en sociedad, dando una solución mágica que devuelva el sentido de existir, para volver a casa a encender la televisión.
El toque de queda se había decretado para el mediodía. Por circunstancias casuales, me encontraba en el epicentro de la locura. Abrí la puerta, y me sumergí de lleno en las calles de la confusión y el caos, en busca de algún colectivo que me rescatara de aquel paraje.
Tenía un paso dócil y cauteloso como los latidos de mi corazón. Percibía en el aire una sensación de irreversibilidad muy fuerte; el Apocalipsis había comenzado, ya la suerte estaba echada.
Fui recorriendo con asombro las delgadas calles del centro, viendo a las máscaras más humanas que nunca. Intentaba creer (en vano) que todo esto era producto de mi tristeza y melancolía, que era todo parte de un mal sueño. Pero el sueño era demasiado real. Una sensación muy profunda fraguaba mis intentos escapatorios.
Caminé unas cuadras y llegué mi destino. El paisaje era desolador: las cuatro ochavas eran la representación de una obra conceptual de algún artista perturbado. En una de ellas, una barricada de fuego, palos, humo negro y neumáticos impedía el paso de todo aquello que se acercara, en su aledaña, una multitud de personas (dentro de las cuales yo me encontraba) agolpadas, furiosas y desconcertadas, esperando que algún colectivo los lleve a sus hogares; en la otra una carnicería exhibía con un majestuoso cartel el listado de animales muertos que tenían para la venta: conejos, corderos, ranas, liebres, ciervos, yacarés, cerdos, vacas, etc…siendo la restante el más crudo de los elementos: basura desparramada por toda la esquina, prendida fuego, emanando olor a plástico derretido, olor a progreso desmesurado.
A lo lejos divisamos a nuestro salvador. Todos levantamos la mano para que el colectivo pare, a pesar de que con una sola hubiese bastado. El chofer nos dice que era la última ronda, y que nos apuremos si queríamos salir de ahí. Como vacas que entran a un matadero, comenzamos a subir lentamente por la escalera del colectivo. Cuando todos estuvimos a bordo, el conductor puso primera, y dejó atrás al espejo surreal.
Recorrió diez cuadras, sin parar en ninguna esquina, ya que la capacidad estaba sobrepasada. Me escabullí por el fondo y tuve la fortuna de encontrar un asiento en el fondo que justo desocupaba un obrero. Clavé la mirada por el gran ventanal trasero, reposando la vista en la ciudad, que cada vez se volvía más calma y lejana.
El semáforo detuvo la marcha. Una secuencia espectral en cámara lenta se grabó en mi iris: un señor se baja del colectivo amarillo que seguía nuestro rastro, se para delante de él, hace un ademán de rendición, y con los brazos extendidos en forma de cruz, comienza a gritar fervientemente:”……El principio del fin ha comenzado……”, repitiendo el enunciado, una y otra vez. Parecía que una presencia había poseído su arrugado cuerpo; quizás era el producto de algún delirio místico. Su cuello comenzó a enrojecerse, mientras voceaba la profecía; lentamente el color morado se expandió de su cuello a todo su cuerpo.

El semáforo se puso en verde, era hora de continuar la travesía. La angustiosa aventura no parecía cesar: en la cuadra siguiente, una nube de humo densa, como neblina vespertina, comenzó a desintegrar lentamente todos los objetos de la calle. El sonido del motor eléctrico del trolebús se transformó en el vuelo de un B-52 a toda velocidad, esperando la orden para bombardear. La guerra la habíamos perdido, habíamos asesinado a Dios, para implantar a uno nuevo, hecho de luces de neón y corazón de dínamo. Era muy claro para mí en ese momento: la tecnología había cobrado vida, y nosotros estábamos a disposición de ella, adecuándonos a su compás métrico y repetitivo.
Las máquinas tenían más vida que nosotros. Una bomba techno pensé.
Una ráfaga de viento se llevó la neblina misteriosa; con él, volvían a reagruparse los átomos para figurar nuevamente, la “realidad” de ladrillos y concreto.
El colectivo se iba vaciando lentamente a medida que proseguía el recorrido. Alguien hizo seña. Una leve frecuencia comienza a alterar el aire. En un eco infinito, comienza a elevarse el sonido, que toma forma, para convertirse en una popular melodía de los melosos ochenta, siendo custodiada por un vendedor moderno de barba candado, hip-out absoluto, tarareando al compás del muy moderno gramófono azul que llevaba en su bolso.
- Señoras y señores tengan ustedes muy buenas tardes. Me llamo Rubén y quisiera presentarles (sin ánimo de molestar a nadie), este compilado mp3 con la mejor música de los fantásticos años 80. Usted podrá revivir esa majestuosa época con tan sólo $6. Los grandes artistas está aquí: podrá enamorarse (o reenamorarse), divertirse con sus amigos, bailar hasta el cansancio….a tan sólo $6…
Menuda solución, para un problema tan grande.
Un señor al lado mío lo enfada el vendedor. En sus manos cargaba una pesada carpeta de expedientes de algún caso o de otro asunto “importante”. En las líneas de sus manos gastadas se leía con claridad que el tiempo le había jugado una mala pasada: nunca iba a llegar a destino, siempre los granos de arena lo harían resbalar. El señor en un gesto cómplice me mira, buscando un aliado para su lucha.
Miré al cielo. Un nubarrón negro comenzó a acechar el caluroso y soleado día atípico de mayo. Parecía que en cualquier momento se podía desplomar y aplastar a las hormigas radioactivas nuevamente.
Mi casa estaba a cuatro cuadras. Decidí bajarme antes, para no mojarme. Toqué el timbre, bajé lo más rápido que pude, y comencé a correr hacia mi casa….

L.W.

http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/05/23/noticia_5501.html
http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/05/23/noticia_5502.html
http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/05/23/noticia_5482.html

http://home.actlab.utexas.edu/~litlgirlblue/SoundClass/Bosch.gif

Un Comentario

  1. gracias por pasarte por mi blog.. el tuyo no lo conocia, todavia no lo lei entero pero este texto en particular me gusto mucho.
    saludos!


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