Salte la navegación

La fina vertiente del rosedal
se volvio sombra
al oir los pasos furtivos
de la enamorada del muro.

Esperó el conteo;
el goteo de los mares,
que navegan grandes distancias
en la brisa que regala el viento.
Marineros intrépidos que zarpan
en busca de sus destinos
forjados al rojo
en astilleros perdidos
se encuentran cercanos
al desembarco del jardín.

La sombra espera oculta,
intenta camuflarse
pero su energia es delatora.

La enamorada se quita el velo
y revela su verdadero rostro,
el de antaño, que forjaron sus antepasados
con barro y fuego
en rituales hereticos
donde la pasion era el hechizo
y el juego la especia.

Un grave tumulto sucumbe el pasto
las hormigas alzan sus antenas
atentas al peligro y desengaño
que se respira en el aire.
Solo deben proteger la reina,
y trabajar duro para construir su castillo.

Los espectros lunares
salen a danzar furtivos
esperando el encuentro final.

La enamorada continua desnudandose
quita su vestido,
caen hojas verdes
que al tocar el suelo enmarronecen.

La sombra esconde una daga
filosa y letal
recubierta por una fina capa de belleza
que la hace invisible a los poetas.

La enamorada da el primer paso
mueve la pieza mas fuerte:
su Amor.
La sombra no pierde el tiempo;
recorre todo el cesped
con una celeridad luminica
posicionandose en la espalda de su adversaria.
Toma la daga y la apunta directo
al corazon. En el vuelo de la hoja de acero
algo corta el vacìo, y genera la polaridad contraria.
La sombra se ve atacada por ella misma.
Empieza a incrustarse su fina daga tallada en su corazon.
La enamorada no entiende que sucede,
instintivamente reacciona tratando de quitarle el metal del pecho.

Los espectros miran ahora serios.
Se miran entre si, y proyectan su mirada hacia la luna
esperando el dictamen.

La sombra le susurra agonizante al oido de la enamorada
de lo feliz que estaba en haberla conocido.
La enamorada llena de lagrimas le conto su secreto:
eran hijas de la misma madre.
Se fundieron en un abrazo infinito.
Nadie más supo que fue de aquel viejo jardín.

El aleteo incesante
del colibri aureo
solo se encausa con el trabajo
que madura en el tiempo
dejando a cada momento
su espacio justo
para que florezca.
El nectar rojo
alimenta a sus hijos;
profundamente el alma
vuela
tan lejos
que solo
puede ser
Libre.

Devolves lo poco que queda
de todos tus juguetes
esos chillones
y coloridos
que una vez formaron
vastos ejercitos de seres
que nadie conoció
ni conocerá jamas
dejando un espacio
de historias inconclusas
que dificilmente
se puedan rellenar
con goma espuma
de otros muñecos
que alguien regalo
en la vispera de navidad
al encontrar sus sotanos
completamente desbordados
de magia mundana.

Dedicado a Willy Lee

Se ríen a carcajadas
los maricas de la esquina
que cambian amor de Yagé
por anfetaminas.

Él carga una pesada mochila,
llena de escombros
de alguna civilización
perdida.

Hoy es el día!,
bramaron los leñadores.
Hoy le vas a probar a la muchedumbre
cuan hombre sos.

Tomó la espada,
y delicadamente, paso su lengua por el filo.
La sangre brotó como lava,
Que hermoso día!, pensó.

Escupió a todos los presentes,
se mezclaron el asco,
el miedo,
la ira.

Los más rápidos,
se agolparon.
Pronto tendieron las redes
y las jeringas descartables.

A lo lejos se oían las sirenas
aviones, helicópteros, autos, motos.
Todos venían por su alma,
a limpiarla definitivamente.

Se meó encima,
y comenzó a rezar.
Tomó la espada,
y se la hundió directo en su corazón.

Cayó de rodillas en la plaza de las moscas.
Con su último aliento susurró:
“Este es mi fin,
pero no por mucho tiempo”.

Corre sobre la mortal sombra del desierto
un ladrón fugitivo,
languideciendo en las dunas,
envuelto en mantas de fantasía.

En el horizonte el fuego rima,
nace in crescendo,
conjurando su alma
redoblando el tambor de los dioses.

Sus pies no tocan el suelo,
el misterio se desgrana;
una montaña incandescente
ilumina la noche a los pequeños gigantes.

Esperaban su llegada de antaño,
no retumbaron las sorpresas;
quitándose la máscara con destreza,

comenzó a balbucear la luz de los objetos.

Sobre el fuego,
los ojos danzan,
se repliegan sobre si mismos,
figurando un ejército de caballeros rojos.

Equinos montados por rufianes
son dirigidos hacia la Guerra,
la Última de todas,
la gran masacre de los pueblos.

Surcan las llamas,
los pueblos se convierten en árboles,
los caballos en caimanes,
los hombres en gotas de un río.

Navegaban en bote
marea incierta de los hombres.
Están todos Ellos,
los que abrazan el alba con sus pestañas.

El precipicio se acerca,
saben que no pueden evitar la catarata,
solo saltar
y nadar contra la corriente.

Solo Uno se zambulle
sumergiéndose en el abismo.
Sus lágrimas no cuentan,
el agua cura sus heridas.

Criaturas celestiales
explotan su imaginación fosforescente,
recitando desde las grietas submarinas
la ópera del infinito.

Explosión de burbujas,
elevándose sin control,
nada hacia la tierra,
esperando su salida.

Nadie lo espera en la superficie,
solos los huesos brillan,
la ausencia cubre el vacío,
el cielo llena su aura.

Despliega sus brazos,
el viento susurra,
es hora de viajar,
hasta el fin del universo.

Ella patina sobre hielo negro.
sobre un mar congelado,
despliega sus alas invisibles
a la luz de los cantos lunáticos.

Mira sobre sus hombros,
la Nada le sonríe.
Sabe que un giro en falso,
puede quebrar el delgado hielo.

Aún así,
danza sin cesar
sobre la cornisa
del fin de los tiempos

Su pelo negro,
envuelve su delicado rostro.
Sólo sus ojos,
reflejan el brillo del mundo.

Una llama en el horizonte,
persigue sus pasos.
Es el fin,
de un nuevo comienzo.

Mi corazón es
como el iceberg que hundió al Titanic
¿Dónde están ahora los rostros familiares?
¿Tan rápido escaparon de la magnífica fiesta?

Puede ser que hayan oído un temblor,
que fundió el panico y el asco en un solo punto.
Puede ser que la Noche apareciera
Sin que se dieran cuenta.

Pero, ¿ Porqué me siento así por ellos?
Yo reía hasta desangrarme
Cuando el frío
Se incrustó en mi pecho

Ya nunca podré quitarlo
Hasta que vuelva a encontrarlos,
Quizás en algún ágape de modas
O en un bazar de prendas chinas.

El horror
los espejos partidos
las voces extintas
la mirada que calla.

Los rompecabezas estallan
en partes infinitas
El mar es sólo una promesa
de un juego de dados.

Son las olas que rugen
la luna que crece
creando el misterio
Trascendental, Infinito, Efímero.

La magia
yace despierta en la Locura….
esperando el Sol por nacer
para resplandecer como estrella Guía.

L.W.

Espacio contemporáneo de arte culinario.

Rotación de giroscopio noctámbulo.

Néctar delicioso cubierto de terciopelo.

Amanecer generacional residual y radiante.

Notas danzantes en perfecta armonía

Miradas candentes cargadas de lujuria.

Tiempo de cambios y aventuras estrambóticas.

Colchón de pétalos rojos rellenos de chocolate.

Paradoja existencial única y decidida.

Universos de formas y sensaciones.

¿Este puede ser el comienzo de algo?

Ruleta mística de deducciones lógicas.

La imperfección es su forma más pura

Rascacielos miniatura de arena y sal.

El Ruido de Junio había llegado. Todas las máscaras estaban listas. Niños, jóvenes, adultos y ancianos querían ser parte del gran desfile.

Durante todo el año habían confeccionado los trajes. Un jurado altamente calificado decidía quien participaba y quien no. Los requisitos eran tácitos; sólo los más intrépidos lograron superar la prueba, deslumbrando las miradas ajenas con distorsiones de seda fina.

Los elegidos se reunieron en la plaza principal. El pueblo extasiado coreaba con júbilo el marchar de los nuevos ídolos.

Túnicas de raso, brillos de rubí, laureles dorados y flores de terciopelo azul. Los trajes disparaban aventuras lejanas y sonrisas de cristal.

Los músicos de la orquesta municipal prepararon los tambores: era el momento del gran Ruido.

Los gritos de la multitud cesaron lentamente para convertirse en un murmullo inaudible. La expectativa crecía al son de los palillos de madera que repiqueteaban sobre los parches blancos.

Un anciano de barba mugrienta, cubierto por un sobretodo de paño marrón gastado interrumpió la tensa espera.

Con su voz gruesa y desgarrada comenzó a cantar un nostálgico tango oxidado. La vibración de la misma penetró en los más profundos de sus corazones, provocando incomodidad perversa. Las risas ahuyentaron la perturbante sensación. Pronto todos volvieron al éxtasis, aplaudiendo y señalando con notoriedad la osadía del traje del alcohólico.

El supuesto borracho sucumbió ante tal efecto, rompiendo en furia. Con todas sus fuerzas lanzó la botella verde que guardaba en su chaqueta contra la acartonada orquesta.

Un gran estallido sacudió al público. No era el gran Ruido de Junio.

El silencio que sucede antes de las tormentas fue cortado con diamantes, por el llanto desesperado del trompetista. Lloraba lágrimas de sangre. Intentó tapar la hemorragia con sus manos, pero fue peor, los pequeños fragmentos verdes se incrustaron hasta desgarrar la carne.

Alguien dio el primer grito. Pánico.

Entre todo el revuelo, un niño perdió a sus padres. Estaba tranquilo. Sabía que su padre pronto vendría a su rescate. Rápidamente la multitud se dispersó completamente, quedando enfrentados cara a cara.

Cruzaron sus miradas. El pequeño hipnotizado comenzó a acercarse lentamente hacia el causante de todo el disturbio. No tenía miedo, nunca se había sentido más seguro.

Tomó su mano y le susurro con voz dócil e ingenua:

-¿Por qué lo hizo?

El anciano se agachó a la altura del pequeño, frotó su cabeza y con palabras de fuego le dijo:

-Todo es mentira. Los límites de la creación los pone uno.

Un coche policial arremetió a toda velocidad sobre la calle. El orden lentamente comenzó a restituirse. Habían desaparecido. Solo quedaba el murmullo de sus sombras.

Nunca más se supo de ellos. No encontraron registros del anciano. Muchos pensaron que era un fantasma, un desterrado de los cielos. Otros aseguraron verlos caminar por las vías del tren que cruzan los campos. Lo cierto es que el Ruido de Junio nunca se volvió a escuchar.

L.W.

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